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La decisión de afirmar nuestra espiritualidad

La decisión de afirmar nuestra espiritualidad

Dividimos la vida entre la fe y la certeza. Entendemos que el principio fundamental de todo nos llegará revelado como un misterio que se destapará frente a nuestras narices. El alma, el espíritu y todos los elementos intangibles del hombre, no son más que proyecciones mezcladas de recuerdos y vivencias según la ciencia.

Las explicaciones son tan abundantes como la inconsistencia real de éstas. Vivimos inmersos en la duda del motivo de nuestra existencia para dibujar ciclos de censura a nuestra angustia existencial. Crecemos tapando estos ruidos interiores que nos empujan a definir por qué hacemos lo que hacemos. Hacía dónde nos dirigimos es la pregunta fundamental que todo el mundo se hace, sin pensar que en realidad cada paso que damos lo damos por propia decisión.

No sabemos de qué va todo esto. Si realmente tenemos alguna certeza es que no sabemos ni sabremos nunca el motivo de ser, de estar, de sentir; quizá porque esa carta parece no tener un remitente real fuera de nosotros. Navegar entre estas ideas nos trae a veces más dolor que armonía y, por eso, decidimos enterrarla y olvidarla, imaginando que nuestra vida será más fácil sin ese problema en la mente.

El enorme problema de nuestros tiempos es que hemos sucumbido a una idea, una terrible idea que aflora ocasionalmente en el corazón de todas las personas: «el espíritu no existe», volviendo a señalarlo como algo diferente de lo que en realidad somos todos y cada uno de nosotros. Hemos utilizado el método científico para subyugar a la experiencia directa llegando a conclusiones sin sentido. El espíritu no existe, es cierto, no tiene entidad propia, es una característica de nuestra existencia individual y colectiva. No hay un espíritu, somos espíritu además de materia. Nos mueven impulsos profundos que no están relacionados exclusivamente con  nuestras neuronas.

Esta falta de conciencia en nuestra parte espiritual nos ha llevado a anular cualquier interacción entre nuestro corazón y nuestra capacidad intelectual. Por este motivo, nuestro proceso de comprensión propia está estancado en un bucle que sale una y otra vez de nosotros buscando algo que  no existe fuera de nuestro propio universo cognitivo.

No existe ninguna verdad que buscar, sólo puede existir una única verdad, aquella en la que seamos capaces de creer profundamente. Nuestro espíritu es algo en lo que podemos creer si lo decidimos en la medida que lo necesitamos. Nos guste o no, necesitamos esa faceta de nuestro ser para evolucionar de forma equilibrada y feliz. Las verdades impuestas, dictadas, obligadas a demostrarse empíricamente o contrastadas históricamente, pertenecen al terreno de lo tangible y por lo tanto no sirven de alimento al espíritu humano. El espíritu, nuestra verdad y nuestro destino, forman parte de nuestra determinación existencial, de nuestra capacidad de definir qué y cómo queremos ser.

En la medida que nos dicta la lógica, querremos saber qué nos impulsa a tener que definir estos elementos para vivir una vida plena y realizada. Quizá esa cuestión, en esencia, no tiene otra utilidad que invitarnos a redefinir constantemente estos parámetros espirituales, para no olvidar que tenemos los mandos de la nave. No podemos dormirnos en nuestra actividad de construirnos en la libertad de nuestra expresión espiritual individual.

Vivimos tiempos difíciles para que esta faceta de nosotros se manifieste y nos proporcione todo aquello para lo que existe. Ahora, quizá más que nunca, la distracción de este extremo de nuestro ser es más abundante y compleja que nunca. La ciencia ha tapado por completo este elemento, quizá porque ha renunciado a poderlo interpretar dentro de sus muy complejos paradigmas. Por más que avanzamos hacia el centro de la creación, hacia el denominado Big Bang, más nos preocupa comprender que no sabemos que pudo ocurrir instantes antes de este posible evento.

La sensación de conocimiento es tan irreal como todo aquello que descartamos de nuestra esencia intangible por su dificultad de análisis. No es analizable, es decidible. Decidimos actuar acorde a un espíritu determinado que aflora de manera natural cuando aceptamos que lo somos, que lo tenemos, que forma parte de nosotros.

Necesitamos darle a nuestra mente una idea que tenga la misma fuerza unificadora que esa que la ciencia nos insertó disgregando nuestra convicción espiritual. El mundo navega en aguas turbulentas en las que el dolor, la ambición, la guerra, el hambre, el egoísmo, la enfermedad, campan a sus anchas como si nada se interpusiese en su camino.

Esta negra senda ha invadido los territorios que antaño eran el refugio espiritual del ser humano: «las religiones». La oscuridad ha llegado a ese, otrora sagrado, territorio plagándolo de casos que contaminan la creencia en cualquier faceta espiritual humana sin dejar piedra sobre piedra. Los intereses económicos de iglesias, industrias armamentísticas y farmacéuticas se dan la mano cuando la bicoca de la guerra abre sus fauces tragándose a tantos que no llegaron a comprender su capacidad de decidir sobre la verdad, su capacidad de establecer su verdad y compartirla.

Ahora estamos quizá en una de las épocas más oscuras de nuestra existencia, una época en la que está justificado experimentar con otros seres vivos, destriparlos en vida para descubrir cómo sienten el dolor, una época en la que las guerras previenen la posibilidad de una guerra, una época en la que el fin justifica los medios, aunque los medios inviten a un ser humano a inmolarse para masacrar a otros en aras del establecimiento equilibrado de dios, como si alguno de los existentes pudiese abarcar el significado de dicha palabra.

Antes de hablar de Dios tenemos que hablar de nosotros. Tenemos que darles a nuestros hijos la facultad de ser fuertes espiritualmente, de no dejarse engañar por los juguetes distractores de la misión vital que nos concierne, esa en la que el ser se autodefine y decide sin dudas cuál es su verdad. No podemos recorrer un camino equilibrado si no somos capaces de comprender la esencia simbólica del equilibrio, nuestro papel predominante en esa acción y el destino que nos confiere vivir en una justicia equilibrada, en la que nuestra verdad no justifique destruir nada que no nos pertenezca.

Todo puede y no puede ser, no hay más reglas que las que fijamos interiormente convencidos de su poder, de su fuerza para hacernos felices lejos de mensajes de ayuda externa que nunca llegará. Manteniéndonos aislados de esta posibilidad, los poderes oscuros que nos rodean hacen lo que quieren mermando la voluntad de todos aquellos que sucumben ante el dinero, la ambición, la ira y todos esos elementos que negamos pero que existen con toda rotundidad.

El ser humano es un ser espiritual. Si renunciamos a esa faceta de nuestra existencia, el destino de nuestra desaparición es inevitable y la claridad de esta dirección es ahora más visible que nunca. Debemos reforzar nuestra fuerza espiritual integrando en nuestra vida los rituales ancestrales que se definieron con ese fin. Debemos propiciar la acción de dar, de ayudar, de amar, de purificarse y de mantener una mente libre de pensamientos oscuros, no por represión, sino por comprensión de su naturaleza destructiva y dañina que en nada ayuda a nuestra felicidad. Espiritualidad no es recitar una sílaba durante horas, es hacerlo en la convicción de que hemos decidido que, con ese gesto, nuestra determinación por purificarnos y por purificar al mundo se tornará inquebrantable. Quizá, si decidimos creer en esto dispondremos ya de una verdad a la que nuestro espíritu se aferre para emerger.

Vivir desde el amor

Vivir desde el amor

Acabamos de abandonar un siglo lleno de grandes desastres y de grandes avances para el ser humano. La injusticia y la justicia se han dado la mano para evolucionar y crecer voluminosamente, como si ambas fuesen inseparables compañeras de camino.

La idea de un mundo lleno de justicia y de cordura parece, ahora más que nunca, una realidad irrealizable. Esta dicotomía constante, que ha acompañado al ser humano desde el comienzo de los tiempos, nos hace dudar sobre nuestra esencia bondadosa como eje evolutivo, en el que lo humano crece por encima del resto de elementos de este mundo superpoblado.

Que la idea de los derechos humanos haya prosperado apunta en una dirección relativa a los anhelos de las personas, anhelos de paz, de justicia, de armonía, de solidaridad y seguridad social.

Cuando observamos el panorama general de nuestro mundo, la desproporción demográfica en la que hemos caído y los valores en los que se fundamenta la prosperidad en lo económico y lo político, no podemos sino dudar de que en algún momento, en algún futuro inmediato, nuestro sustrato social pueda nutrirse de los elementos que anhelamos.

La virtud en estos tiempos se basa en la productividad personal en cualquier segmento que pretendamos estudiar. Hemos establecido un sistema de recompensas que premia la cantidad y la calidad de la producción, por encima de los valores humanos que nos han sacado en muchas ocasiones del atolladero involutivo al que estamos abocados. Luz y tinieblas se alternan para mostrarnos a personajes ilustres llenos de méritos que han realizado las más grandes atrocidades de la historia. Bombas nucleares, invasiones y exterminios raciales han coexistido con grandes descubrimientos en medicina, exploración espacial, tecnología, etc.

Quizá esta convergencia de polaridades tan opuestas resulta insoportable para un corazón que busca, por encima de todo, la paz vital y la felicidad espiritual. Las religiones cada vez más caen en el descrédito provocado por sus incoherentes dirigentes y la tergiversación de su mensaje en pos de alimentar estratos políticos, o para la exclusiva supervivencia del entramado organizativo que representan.

La espiritualidad del ser humano se va reduciendo a medida que avanzan los años. La presión interior de esta necesidad humana comienza a resquebrajar los caparazones sociales en los que nos vamos aislando individualmente.

Hay un anhelo mantenido en el tiempo, un espacio que, anulado, nos empuja a buscar otras vías para alcanzar la felicidad profunda. Parecemos inconscientes de que la felicidad profunda está precisamente en esa profundidad a la que únicamente podemos llegar en un estado de paz y tranquilidad, fruto del amor y de los valores positivos del fenómeno humano.

Social y personal son dos visiones que deben encontrarse a través de planteamientos comúnmente aceptados, no como mandamientos sino como convicciones conscientes de que solo hay un camino para la paz y para la felicidad. Aumentar la productividad de las personas y llenar la tierra de objetos y de juguetes tecnológicos que solo nos van a acompañar una pequeña parte del trayecto vital es una falacia que nos aparta de la acción necesaria de encontrar nuestro eje. En este eje está nuestro equilibrio y, en este equilibrio, está la capacidad de aplacar las emociones desbordadas que provocan gran parte de nuestra infelicidad.

La sucesión de casos de violencia de cualquier tipo, el abuso sobre la naturaleza en general y sobre toda aquella forma de vida diferente al ser humano muestra nuestra incapacidad evolutiva de trascender el ego que nos sitúa como reyes, en vez de como hermanos.

La competitividad fomentada desde nuestras más tempranas edades entre amigos, entre familias o entre pueblos produce avances relativos en marcas de identidad individual. Con el discurrir de los años carecerán de sentido absolutamente. Seguimos enlazados con la historia como eje de nuestras raíces, sin darnos cuenta de que la historia se está escribiendo a cada instante, y que cada instante posee el potencial de modificar el universo que nos rodea si regresamos al presente constante, ese en el que se encuentra cualquier posibilidad de equilibrio.

La competitividad, el deporte de ganar o perder, la necesidad de encajar victorias y derrotas nos muestra que no hemos dado aún el paso definitivo para asumir la necesidad de equivalencia que tenemos en el corto trayecto presencial de nuestra existencia. Cuando volvamos al germen de nuestra energía, cuando la estela que hemos dejado en nuestro camino ilumine franjas meritorias para que prosperen los valores anhelados, solo entonces podremos caminar juntos ayudándonos frente a las adversidades personales.

El amor debe ser la única vía de nuestra evolución. El trabajo con amor, la amistad con amor, la creatividad con amor, la ciencia con amor, nos llevarán al puerto del crecimiento humano verdadero. Este potencial está profundamente arraigado en nuestra naturaleza. Para su emergencia solo necesitamos creer profundamente en él. Dar por sentado que no hay que esperar futuras fórmulas que nos aproximen al ideal, el ideal existe dentro de nosotros mismos y solo requiere la fe necesaria en su potencia como eje de la vida.

Práctica abierta de Kung Fu

Práctica abierta de Kung Fu

El pasado sábado estuvimos en el parque de San Miguel en el barrio de las Flores de Málaga para practicar al aire libre las diferentes rutinas de nuestra escuela. El día nos acompañó con nubes y un poco de frío que se pasó rápidamente después del calentamiento.
Trabajamos sobre las rutinas de palo de nuestro estilo (Hung Gar Kuen) realizando inicialmente los trabajos de acondicionamiento articular y fortalecimiento para pasar después a realizar las rutinas básicas de habilidad por parejas.
El trabajo con el palo resulta muy gratificante y su manejo en el contexto de las técnicas del estilo nos muestra una dinámica del contacto extremadamente lógica y con las estructuras de transmisión de fuerza muy definidas. Las bases de ataque, defensa y contraataque en rutinas de cambios de ángulos y alturas nos permite avanzar en el dominio del contexto de la lucha con esta arma tan polivalente.
Después realizamos prácticas por grupos de las formas de base de palo y la forma de Palo de los 8 trigramas eje del estilo sobre la que próximamente escribiremos un artículo de referencia para nuestra página Web.
Tanto los grupos infantiles como los de adultos conjugaron el detalle propio de su edad como las combinaciones y rutinas más avanzadas a modo de introducción a lo que será el futuro desarrollo de estas técnicas.
Ha sido una buena práctica con mucho espacio en el que hemos podido realizar sin interrupciones las formas y disfrutar de la sensación de espacio no siempre presente en la sala de entrenamiento para este tipo de rutinas.
Hemos dejado algunas fotos del día en nuestro apartado fotográfico de Flicker al que podéis acceder desde nuestra página Web www.centrokanli.com.
El próximo 19 de febrero tenemos una nueva cita para practicar en este entorno maravilloso con mucho espacio  y árboles a nuestro alrededor.

Entrenamiento de Tai Ji Quan en Huelin

Entrenamiento de Tai Ji Quan en Huelin

Este sábado estuvimos de práctica por el parque de Huelin de nuestra ciudad. La experiencia de practicar rodeados de árboles y con el sonido de los pájaros como fondo musical a nuestros movimientos es inigualable como fuente de bellas sensaciones.

Los parques en Málaga han evolucionado en frondosidad, limpieza y cuidados, permitiéndonos disponer de un entorno urbano idóneo para la práctica del Tai Ji Quan. Málaga es una maravilla para el entrenamiento al aire libre. La disponibilidad de nuevos y cuidados espacios verdes, sumada a la proliferación de carriles bici y la cercanía de playas, nos dibuja un entorno que hace inexcusable su desuso para una práctica urbana de Tai Ji Quan.

Para nosotros, este sábado fue un magnífico momento para compartir sensaciones y entrenamiento entre formas, trabajos por parejas y algún que otro momento de Té y conversaciones relacionadas con la práctica profunda del Nei Jia.

Un sol estupendo nos acompañó toda la mañana sin castigarnos demasiado. Disfrutamos de un tiempo casi primaveral y la magnífica compañía de tod@s l@s que intentamos desarrollar la visión natural e integral de las prácticas taoístas más antiguas.

Reflexiono sobre la necesidad de sacar el Tai Ji Quan de sus espacios aislados y dejarlo expresarse ocasionalmente en la libertad de la calle, en un espacio que es público para las propuestas de crecimiento y disfrute sano, como son este tipo de prácticas.

El silencio interior contrasta con el murmullo exterior que nos rodea y las sombras de los árboles nos recuerdan su presencia constante como observadores de la lentitud de nuestros ejercicios. El silencio nos hace hermanos en ese instante en el que trascendemos lo público para sumergirnos, rodeados de todo, en lo más profundo de nosotros mismos.

Hemos decidido seguir buscando estas sensaciones y practicando al aire libre ocasionalmente para integrar nuestro aprendizaje en los elementos comunes a nuestras vidas. El Tai Ji Quan es una fuente universal de comunicación con nuestra naturaleza común y un magnífico medio para mantener una salud equilibrada, único requisito para una vida feliz y realmente humana.

Después de estas navidades, seguiremos explorando nuestros jardines para volver a encontrarnos lentamente, con armonía, amabilidad, alegría y humor.

Video documental de Wong Fei Hung y el Hung Gar Kuen

Gesta andaluza en el Campeonato del Mundo de Kung Fu (China)

Gesta andaluza en el Campeonato del Mundo de Kung Fu (China)

Los deportistas del equipo español de competición de Kung Fu de la Asociación Nacional de Clubes de Artes Marciales Chinas han logrado un éxito sin precedentes en las competiciones internacionales de Kung Fu.

Los representantes andaluces, tres malagueños y dos cordobeses, han ganado un total de 8 medallas: una de oro, otra de plata, y 6 de bronce. 

A este Cuarto Campeonato del Mundo de Wushu Tradicional han acudido 83 países, contando con el concurso de 198 equipos y 2496 participantes.

Resaltamos al andaluz Raúl Aguilera que se ha proclamado Campeón del mundo de Wushu  en la modalidad de Lanza (Quiangshu) durante este Cuarto Campeonato del Mundo de Wushu Tradicional, celebrado en la ciudad china de Shiyan del 15 al 19 de octubre de 2010. Este deportista dirige actualmente la formación en artes marciales chinas en el Club de Wu Shu de Badalatosa. El Excmo. Ayuntamiento de Badalatosa (Sevilla) a apoyado a este deportista para que pudiese asistir a esta competición.

Todos los practicantes de Artes Marciales Chinas en España estamos orgullosos de su dedicación y del nivel técnico demostrado ante todo el mundo con un resultado nunca antes logrado por una selección española en una competición mundial de Kung Fu.

Desde nuestro Club les agradecemos el esfuerzo realizado y les felicitamos por estos maravillosos resultados fruto de mucho trabajo y dedicación.

El equipo ha sido preparado por los maestros Gonzalo Pintor y Pedro Estevez del Club Suroccidental de Córdoba y del Club Shaolín de San Pedro (Málaga), quién ha dirigido la expedición y el equipo hasta el lugar que finalmente han ocupado en el podio de este campeonato del mundo.

MEDALLERO

RAUL AGUILERA ORO EN LANZA Y BRONCE EN MANO VACIA, EVA CAMPOS BRONCE EN ARMA CORTA Y PLATA EN MANO VACIA, M.CARMEN RUIZ BRONCE EN ARMA LARGA, RUBEN GARCIA BRONCE EN ARMA LARGA, JAVIER GARCIA BRONCE EN ARMA LARGA Y BRONCE EN MANO VACIA. TOTAL: 1 ORO / 1 PLATA / 6 BRONCES

 

Vivir. La libertad de decidir

Vivir. La libertad de decidir

Qué maravillosas propuestas imaginativas nacen de nuestra sociedad. Sin duda, vivimos en un mundo de colores, de formas, de bellas inspiraciones reflejadas en las manos de tantos y tantos artistas que han publicado la imagen corporativa de nuestra cultura.

Quizá, la justa medida de las cosas suele reconocerse como el óptimo equilibrio entre exceso y carencia en lo que a lo social se refiere.

Sin embargo, nuestra sociedad híper evolucionada, ha configurado el arte en un sentido que nubla la vista de la belleza real de las cosas, para propagar a los cuatro vientos las tendencias que, como corderos entrenados, deberíamos todos y todas seguir.

La necesidad de la belleza resulta innegable como elemento consustancial a las pautas de placer en la que nuestras mentes se enjuagan los pesares de la vida.

Pero hay gustos para todos y la pluralidad de lo que concebimos como bello, pasa por tiempos angostos. La moda se siente ultrajada con tanta tendencia globalizadora en los conceptos de lo bello.

Modas hubo siempre, modas habrá, pero ¿dónde queda la tolerancia a lo extravagante?, ¿dónde quedan los retazos de rebeldía que permiten la apertura a nuevos conceptos y evoluciones en el terreno de lo bello?

Si nos centramos en analizar las repercusiones que este tipo de golpes de estado dictatoriales coloreados tienen sobre la psique individual de las personas, veremos que el panorama exige esfuerzos para mantenerse libres frente a tanta presión mediática.

Vivimos los tiempos de la información inmediata, de la información a raudales voluntaria o inevitable, natural o estudiada. Son tiempos muy peligrosos para la originalidad  y para el establecimiento de puentes que hagan evolucionar nuestras culturas desde el presente a bellos futuros imaginados.

Quizá estemos cansados de la anorexia como expresión obligatoria de un canon de belleza impuesto por gente sin cabeza. Quizá estemos hastiados de que nos marquen una y otra vez cómo tenemos que vestir, cómo tenemos que hablar, cómo tenemos que escribir, cómo tenemos que vivir. ¿Hay algo más terrible que la palabra “estilo de vida”?, ¿qué es realmente la libertad si no un proceso mediante el cual el individuo, simple y llanamente, decide?

Este artículo no es un manifiesto contra las opciones, contra la publicidad, contra el marketing. Quizá es tan sólo una invitación a reflexionar sobre los argumentos de decisión que nos quedan cuando, quién pretende vendernos tal o cual imagen, ha estado estudiando durante un tiempo impreciso todos los elementos para que nuestra decisión se decante inevitablemente en la dirección que a él le pueda interesar.

No podemos omitir el sistema en el que nos encontramos inmersos, ni negarlo como una de las mejores opciones de las que podríamos tener. Pero sí necesitamos una evolución de conciencia que vaya a la par de la evolución de las técnicas de marketing que intentan insertarnos el virus de la tendencia, para que no podamos o sepamos decidir.

Quizá el canon de belleza sea algo inherente al ser humano y lo que está ocurriendo no es más que parte de un proceso inevitable de nuestra especie. Aunque la pluralidad manifestada en el crisol cultural que compone la humanidad apunta en otra dirección.

Aceptemos la relatividad de lo bello como norma para entender que deberíamos evitar algunos elementos nefastos para nuestra capacidad de decidir. La televisión como máximo artífice del estropicio o las revistas, que inundan de publicidad condicionante sus escasos contenidos, deberían ser descartadas como puntas de referencia informativa, como opciones que acaparen tanto espacio de nuestro tiempo.

Quizá podamos propiciar un cambio en el sistema manteniendo inalterable nuestra capacidad de decidir y creando mecanismos sociales que nos protejan frente a tanta implantación psíquica.

Esto podremos lograrlo desde la educación, desde el arrostramiento a la imposición estilística como modo de afirmación de nuestra libertad de ser singulares sin prejuicios, desde la cultura del respeto por las libertades de todos y todas a decidir su estética y, sobre todo, incentivando aquello que más nos guste desde el enfoque de un pensamiento lo más libre posible de condicionantes.

Es hora ya de reivindicar nuestra libertad para ser como somos sin que nadie nos tache de gordos, de feos, de extravagantes, de desentonados, es hora de reírnos a carcajadas y de ser libres y felices.

Ip Man. Mucho más que una película

Ip Man. Mucho más que una película

El cine ha contribuido en gran medida a la difusión de las artes marciales. La visión romántica, y exagerada a veces, del camino del luchador se ha visto en numerosas ocasiones enaltecida por historias brillantes sobre sucesos que quizás pudieron ocurrir y sobre héroes y villanos de difícil soporte en los tiempos que corren.

Uno de los estilos más difundidos gracias a la gran pantalla es sin duda el Wing Chun. De la mano de un actor ya mítico como fue Bruce Lee, pudimos tomar contacto con una visión diferente de lo que, hasta entonces, entendíamos por Kung Fu. Quizá fue, a partir de aquí, la época dorada del cine de artes marciales chinas.

Este papel relevante del Wing Chun en la difusión general de las artes marciales chinas  debe ser reconocido y aplaudido por todos los entusiastas de los sistemas chinos de combate.

Tuvimos títulos como Tigre y Dragón de Ang Lee, Hero de Zhang Yimou o Fearless de Ronny Yu, que volvieron a poner de moda el tan aclamado género WuXia de los años 60 centrado en figuras caballerescas plenas de virtudes marciales.

Este nuevo cine viene cargado de increíbles decorados, cuidadosa estética y un Atrezo de museo fiel al límite de lo documentado. Algunos de estos maravillosos filmes se quedaron en el camino de las salas relegados quizá por motivos de promoción o, simplemente, porque no iban a la moda de los tiempos. Tal es el caso de grandes películas como El Banquete de Feng Xiaogang y la que nos ocupa relativa a la vida del reconocido maestro de Bruce Lee, Ip Man.

Con Donnie Yen interpretando a este gran maestro, disfrutamos en la primera y segunda parte de esta trilogía con una ambientación y un reflejo del contexto marcial de principios del siglo XX en una china ocupada por los japoneses.

La interpretación que este actor realiza de Ip Man refleja con acierto, dentro de las fantasías propias del cine de acción, un delicado espíritu que podemos claramente identificar con la idea del gran maestro de Kung Fu. Serio, amable, disciplinado, justo, todos estos calificativos adornan al protagonista a través de una historia dura en la realidad que mantiene e intensa por la calidad de su trabajo coreográfico marcial.

Recomendamos un paseo por la página Web del Film en:

http://www.ipman-movie.com/main_en.html

y, cómo no, disfrutar viéndola lo antes posible para volver a sentir el género que renace con buenas historias, inmejorable ambientación, actores de renombre, grandes efectos especiales y estupendas coreografías de lucha que redefinen y actualizan un género digno de evolución.